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25 ago 2015

Madalena....©Aïcha 2015



La tristeza se siente adentro, en medio del alma y del corazón.
Es un dolor intenso, espeso, que te contiene la respiración y se te anuda en la garganta.
La tristeza es lo que nos ha dejado mi padre. El vacío, la soledad.
Magdalena es su perra, ella también debe sentir lo mismo, me miran sus ojos vidriosos y siento su pena. Le faltan las palabras pero la entiendo.
Lleva quince días sin comer, ni beber, apenas se mueve de su caseta y su hocico esta reseco, el veterinario no sabe que tiene, demasiados años, pero yo sé bien que le ocurre.
Ayer estuve sentado un rato a su lado, acariciando su lomo y sus orejas, reposaba su cabeza en mi regazo y de cuando en cuando lamía mis manos.
Estuvimos recordando, pensando en él, y sus temblores se mezclaban con los míos. Echamos en falta su presencia, su voz, su olor.
Subí a su cuarto y saque un viejo jersey que mamá pensaba tirar, olía a su colonia de siempre. Lo puse sobre una manta fuera de la barraca y Magdalena salio tímida temblorosa lo olisqueo, me miro, movió la cola en señal de contento y se acomodo encima acurrucándose en sí misma. Los dos comprendimos y fuimos y poco más felices.
Hoy ha vuelto a comer y hasta estuvo jugueteando con una pelota, hoy su pena era menos porque por alguna razón le sentía cerca.



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