El regreso
El viaje se estaba haciendo pesado. Después de muchos años de ausencia, Luís y
yo volvíamos a nuestros orígenes, regresábamos al pueblo. Llevábamos
varias horas conduciendo sin descansar y decidimos parar, tomar algo y
relevarnos al volante.
Después
de la comida dimos un paseo por los alrededores del restaurante de
carretera, aunque era octubre el día era soleado y agradable.
-¿Tu crees que las cosas seguirán igual? ¿Qué la gente nos recibirá bien?
-
No lo sé, pero las cosas cambian y la gente también. Ha pasado mucho
tiempo, cada uno tiene su vida establecida, a lo mejor ni se acuerdan de
nosotros; contesté pensativa, intentando traer a mi memoria cuantos
eran y como eran.
- Mujer acordarse sí, interés por vernos quizás no.
Reemprendimos
el viaje en silencio, ésta vez conducía yo, puse música suave y al rato
Luís dormía con la cabeza pegada al cristal.
Al cabo de dos horas tuve que llamarle:
-Estamos llegando Luís.
Se desperezó .
-Anda me he quedado dormido.
- Ya, una cabezadita de dos horitas nada más.
Cuando
llegamos a la entrada del municipio no distinguimos ningún cambio
drástico, algunos edificios viejos habían sido sustituidos por
construcciones más modernas de mayor altura, habían renovado las farolas
y los árboles se veían mas altos y frondosos de cómo los recordaba.
La familia estaba ya en la es esquina esperando con caras de ansiedad y alegría alternativas.
Después
de descargar las maletas, ducharnos y cenar pasamos a la terracita y
fumarnos un pitillo y seguir con la conversación; bueno mas que
conversación era un intercambio de preguntas y respuestas.
Lola, la hermana pequeña de Luís, estaba exaltada atropellaba las palabras contando las ultimas noticias del vecindario.
Cuando Luis preguntó por los amigos los enumero a todos y nos dio escuetas explicaciones sobre su vida actual y su estancia :
-
¿Te acuerdas de tu amigo aquel Rosendo? ¿el que tenía la ferretería en
la calle Daoiz, pues se divorció y ahora está con una niña de veinte
años. Con unas pintas!!! Viste siempre de negro con unos maquillajes y
unos pelos!!!
-En plan gótico , pregunte yo.
-Sí, sí eso en plan película de terror, te lo juro.
-El que peor lo lleva es Jefrey.
-¿Jefrey? Aquel chico enclenque y debilucho?¿ Que le pasa?
-Tiene
cáncer de pulmón, está muy mal, últimamente ha pasado varios meses
seguidos en el hospital conectado siempre al oxigeno, y menos mal que la
familia tiene dinero y cuidados no le han faltado, tiene una enfermera
permanente.
Luís se quedo abstraído.
- Es
una pena es buena gente ese chaval, buen amigo de sus amigos generoso y
amable; pero siempre fue de salud corta, cuando íbamos a jugar al
fútbol él siempre de quedaba sentado, decía que hacia de publico o de
reportero , la verdad es que el asma no le dejaba otra opción.
-Pues
lleva tiempo pintando y es un artista de nombre reconocido. Ha hecho
muchas explosiones en diferentes países del mundo, vende todo lo que
pinta y encargos, tiene un representante que viene a recoger sus obras y
se ocupa de todo.
- Joder que cruel es la vida nadie tiene lo que necesita, lo que te dan por un lado por otro te lo quitan.
Luís se levantó despacio y cabizbajo se volvió hacía mí.
- Mañana llamo a la gente y quedo para tomar unas cervezas ¿vale? Ahora me voy a dormir
Lola
también se metió en la casa y me quede sola en la terraza. La brisa
marina traía ese olorcito a salitre que no recordaba y quise disfrutar
del momento, pero mi pensamiento se había quedado con Jefrey.
Le
recordaba con la dulzura que inspira un niño, y los recuerdos lejanos
de la adolescencia. Era educado, por algo se crió en colegios de pago,
delicado, atento, y amable con todos pero especialmente conmigo,
invariablemente reconoció que tenía debilidad por mí. Pero argumentaba
que no podía ofrecerme nada, nada de lo que yo necesitaba y merecía, el
amor a la vida y la ilusión por vivirla. Me llamaba aventurera, y me
acusaba de gustar estar rodeada de gente activa y entusiasta y que él
era demasiado débil para mí.
Me
enfadaba con él por decir aquellas cosas pero era la realidad, yo le
consideraba como alguien muy especial, aprendía mucho de él, de sus
conocimientos de su actitud de su forma de ver la vida, tan sereno y
equilibrado a esa edad tan loca para los demás. Teníamos largas
conversaciones sentados en algún banco del parque o de la plaza nueva,
mientras los demás andaban de parranda emborrachándose o jugando al
billar.
Me sonreía con sonrisa melancólica me cojiá las manos y siempre decía:
- Hay persona que estamos destinados a sacrificios y a amar en la distancia…
Cuando
Luís y yo nos casamos y nos mudamos, me acordaba y le escribía a
menudo, con el tiempo me fui olvidando y dejamos pasar el tiempo, pero
siempre eche en falta aquel amigo que escuchaba con paciencia y bondad
todas mis quejas y mis preocupaciones.
Por
la mañana Luís se ocupó de llamar a los compañeros y quedar en la playa
para tomar cerveza en algún chiringuito, mientras Lola y yo anduvimos
de compras por el mercadillo. Al regreso me metió prisas, había quedado
en el paseo marítimo para comer; también estaría Jefrey.
Cuando
le vi aparecer yo estaba sentada en el muro que separa la playa del
paseo, con la cara levantada y la falda arremangada a medio muslo.
- Si tuviera tiempo mujer, que hermosa estampa para plasmarla en un lienzo.
Al
volverme me estremecí, encontré a una personilla consumida, macilenta,
sentada en una silla de ruedas eléctrica, y escoltada por una bombona de
oxigeno en la trasera y un maletín al otro lado, venía acompañada de
Raúl, su primo.
-No te recordaba tan hermosa Laura, tan bella…con permiso de tu marido me atrevo …
Miro
de soslayo a Luís pero su mirada estaba clavada en mí, me levanté y me
dirigí a él con los brazos extendidos pero Raúl se adelantó a abrazarme y
saludarme, después me agache poniendo mi cara a la altura de la suya le
cogí las manos y se las besé.
-¿ Como estás mi Rey?
-
Tu misma puedes verlo mi Reina. Regalándome la vida el tiempo
suficiente para haber disfrutado de este instante, estaba escrito, no
podía morirme sin volver a ver tu sonrisa y tus ojos amada mía.
-
Jefrey, ¿ya estamos, así empezamos? Ni lo uno ni lo otro, soy una
Señora casada y tu un caballero, no te consiento que digas esas cosas.
Las
carcajadas que soltó casi me sorprendieron. Un asomo de color sonrosado
perfumó sus mejillas. Luís, discreto había esperado el momento de
acercarse respetando nuestro saludo. Le cogió del cuello y le dio un
abrazo, sin mediar palabras, yo sentía que estaba tan afligido que no
sabía que decir, logro balbucear:
-¿Como estás Capitán?
- Aquí estamos compañero, preparado para las próximas olimpiadas.
La
conversación se centro en el grupo, tomamos unas cervezas y se repetían
las mismas preguntas y respuesta a la llegada de cada nuevo amigo.
En
la comida no se de que forma ni como terminé sentada entre Luís y
jefrey, pero estuve más atenta a mi querido amigo de la infancia,
reprimiendo constantemente mi instinto maternal.
A fuerza de insistirle me contó sus avatares en el mundo del arte; en cuanto me distraía le sorprendía mirándome intensamente.
-Me estas poniendo nerviosa, ¿porque me miras así?
- Estoy tomando apuntes, me sonrío.
Pasamos
un par de días yendo y viniendo con todos, en todas las reuniones tarde
o temprano aparecía Jefrey; volvimos a tener largas charlas, volvimos a
nuestros recuerdos y yo le veía feliz. Hasta que a media semana Raúl
llegó solo, al parecer Jefrey había sufrido una recaída y lo habían
ingresado de nuevo.
Un
día antes del regreso a casa fuimos a verle al hospital, nos costó
trabajo conseguir que nos dejaran entrar a verle pues no permitían las
visitas.
Era
impresionante verle, tan pequeño envuelto en esas sabanas blancas
rodeado de aparatos electrónicos, tan poquita cosa, tan pálido. Me cogió
las manos con esfuerzo y a Luis le saludo con un gesto de la cabeza;
susurro unas palabras que apenas entendimos.
-Cuida bien a mi Reina….
El
sonido se quedaba prisionero en su garganta, asediado de silbidos y
ronqueras. La enfermera vigilante como un farero nos rogó que le
dejásemos. Jefrey apretó mi mano y se la llevo levemente a los labios
sellándola con un beso débil y cálido.
El
viaje de vuelta estuvo lleno de comentarios sobre las vacaciones, los
amigos , la familia, pero en todo momento evitamos hablar de nuestro
amigo, nunca más volvimos a nombrarle, era como evitarnos un dolor que
sabíamos seguro.
Terminando
la primavera del año siguiente un mensajero llamó a la puerta, tría un
gran paquete sellado en Madrid. El corazón se me acalambró cuando leí el
remite y la carta que lo acompañaba, ambos la carta y el cuadro eran de
Jefrey. Espere hasta la noche que Luís volviera del trabajo para abrir
el paquete, era un lienzo representando a una bella mujer sentada en la
tapia frente al mar, con la falda arremangada la cabeza alta mirando al
sol.
Jefrey
quiso que se me entregara el cuadro a su muerte, desde entonces no pasa
un día que no levante la vista hacia esa mujer del cuadro y me sonría
con toda ternura que sea capaz de sentir, como si todavía la candidez de
ese hombre rozará mis manos.
Todavía en las largas noches que me siento tristes releo sus palabras:
-Querida Reina Mía,
aquí tienes el último aliento, la última pincelada que he tenido fuerzas para dar, solo para ti.
Me
llevo tu sonrisa y tu ojos. Sé que guardaras este cuadro, y me tendrás
presente de vez en cuando, solo así puedo explicarme el sentido que tuvo
mi vida, nuestra amistad.
Mientras tu sigas mirándote como yo te recordaba, y me recuerdes viviré un poco más.
Hay personas que estamos destinadas a amar desde lejos y para siempre.
Eternamente tuyo. Jefrey
