| Tardes_de_calor_bi... |
V
La noche pasó, casta y liviana .Ideas ensueños y sensaciones placenteras poblaron mis sueños. Alrededor de las doce todavía retozaba entre las sabanas. El timbrazo del teléfono me sobresaltó; una llamada del exterior.
-Te espero dentro de una hora en el hall.
No hubo ni una palabra más, no me dio tiempo a despertarme. Me volví a echar en la cama y me desperece como un gato. A la hora en punto estaba en el hall, duchada perfumada con un sencillo vestido ibicenco, uno de mis preferidos por dejar al descubierto mis hombros que lucían un dorado bronceado, la larga melena castaña recogida en una trenza y estrenaba unas bonitas Ray Ban que había comprado en Sevilla en una boutique.
Esperaba curiosa la llegada de Carlos, pero en su lugar se acerco a mi un caballero de uniforme, pantalón gris y camisa azulona. Se presentó y dijo venir de parte de Carlos, me rogó que le acompañara; tuve mis dudas pero accedí. Un Mercedes gris plateado esperaba en la puerta. El coche iba dirección sur, por una carretera comarcal bordeada de cotos y sembrados.
De cuando en cuando veía los ojos del chofer por el retrovisor observándome, y una sensación de temor invadía mi estomago, clave las uñas en el asiento en varias ocasiones. Acudían a mi imágenes de secuestros y violaciones, y mi mente quería negarse a pensar en ello.
Después de unos veinte minutos de traslado, el mercedes cogió un desvío de unos metros y se detuvo frente al portón de una finca vallada por un alto muro blanco. En el quicio de la gigantesca puerta de acceso unas letras de hierro pintadas negro rezaban. "Villa Almudena".
La tranquera se abrió sin que nada aparentemente diera señal de nuestra presencia. Penetramos en la propiedad y todavía recorrimos varios Km. mas antes de llegar a la edificación principal.
Un amplio paseo bordeado de jardines bien cuidados llegaba hasta la entrada. El edificio, de construcción típicamente andaluza de dos alturas, encalado de blanco deslumbrante, brindaba frescor y humedad a su entrada. El vestíbulo era ancho con sendas puertas a los lados y una cristalera al frente que daba acceso a un patio interior. El chofer me acompaño hasta allí, y despidiéndose cortésmente me rogó que esperara.
Camine despacio por aquel maravilloso recinto. Las paredes alicatadas de azulejos azules y blanco, las macetas de geranios colgadas de las rejas, la claraboya en el techo difuminando la claridad del día, y por doquier enormes tiestos de plantas adornando los espacios libres contra las paredes. En un esquina una mesa y unas sillas de hierro blanco, y en el centro del patio una preciosa fuente de agua fresca y cantarina.
De pronto sentí acercarse alguien tras de mí, y al volverme una maravillosa sonrisa me acogió.
Carlos se acercó a mí con los brazos extendidos, y antes de poder decir nada me encontraba abrazada a él y besada en la frente.
- Estas maravillosa, querida mí, precisó.
- ¿Quieres ver el cortijo?
Me mostró unos campos verdes y bien cuidados, con algunos ejemplares de toros magníficos a los lejos, proponiéndome un paseo a caballo.
Unas caballerizas con animales de buena crianza. Deduje que Carlos era ganadero, le pregunté:
-¿A que te dedicas Carlos? ¿Eres ganadero?
Me sonrió
-¿porque "Villa Almudena" ¿Es tu esposa?
Se volvió y mirándome profundamente a los ojos paso su pulgar despacio por mi mejilla.
-Quilla preguntas demasiado...Almudena era mi madre...
La respuesta de Carlos me hizo reflexionar. Comprendí que no le gustaba dar explicaciones, y no estaba dispuesto a contestar a muchas preguntas. Opté por la discreción, de momento.
Terminamos el paseo tranquilamente, y me condujo a mis aposentos. Me comentó que había enviado al chofer a mi hotel a liquidar mi cuenta y recoger mis cosas. A partir de aquel momento me quedaría con él en la finca.
Tuve un respingo de mal humor y le amonesté:
-No me gusta que me controlen, ni que manipulen mi vida. Debiste preguntarme primero, todavía no sé que decidiré.
-Te quedaras. Y no te arrepentirás....
Se giro, abrió un armario repleto de ropa:
-Confío que sean de tu talla, María las compró ayer con indicaciones mías, me gusta que mi chica vista ropa cara.
Espero haber acertado en las medidas...
-¿quién es María?
-Es mi subordinada, mi ama de llaves, mi persona de confianza. No te preocupes.
La comida fue generosa y agradable, un muchacho moreno y fornido nos sirvió. No charlamos demasiado, yo observaba , analizaba y Carlos me observaba y me analizaba a mí. Contestaba con paciencia y amabilidad a mis escuetas preguntas.
Cuando terminamos pasamos a tomar café a un saloncito colindante con un gran ventanal al patio. La casa estaba silenciosa.
-¿cuántas personas viven aquí?
- En la casa, cuatro empelados y yo. Más abajo hay un caserío con cuatro casas ocupadas por familias de peones que trabajan para mí....
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