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21 may 2008

Tardes de calor Cap. I

Cap.I

Después de mi ruptura con Miguel, decidí escribir otra vez. No tenia muy claro el tema pero siempre tuve ganas de darme una vuelta por la Andalucía pura. El ambiente de los toros y todo la parafernalia podía ser un buen tema.
Prepare las maletas y cogí el primer tren sin pensármelo demasiado. Tenía la cabeza llena de ideas pero no eran saludables, quería cambiarlas por algo más productivo para mi salud y mi bolsillo. Las cosas malas cuanto antes se olviden mejor.
Llegue a Sevilla antes de lo que pensaba, el viaje fue agradable. El hotel estaba a las afueras, elegí en la agencia algo tranquilo para poder centrarme en mi trabajo, pero que estuviera cerca de la capital.
Era media mañana, hacía uno de esos primeros días de primavera espléndidos, así que deposite las maletas me duche, y salí a dar una vuelta, seguramente me quedaría en la ciudad a comer. La recepcionista me recomendó un lugar conocido en la ciudad. Ese acento cantarín y seseante era extraño para mis oídos pero me embelesaba y sentía una extraña sensación de cosquilleo en el estomago. Era como si todos los andaluces ese día estuvieran de buen humor. Me reconforto la idea y salí a la aventura.

Cuando me apee del taxi estaba enfrente a un hermoso parque con nombre de reina.
Maravilloso. Me di un largo paseo observando la gente que por allí circulaba. Saque mi bloc de notas y tome varios apuntes, y dibuje algunas escenas, la experiencia prometía. No podía evitar algunos pensamientos rebeldes que me alejaban de aquella sensación agradable, pero pronto volvía a la realidad, me gustaba aquello, fue una buena idea.
Busque el restaurante recomendado, tuve que preguntar varias veces hasta encontrarlo pero lo logre. No era demasiado grande situado en una plaza céntrica, de ambiente acogedor, solicite al camarero una mesa cerca de las ventanas que daban a la plaza.



La gente entraba, casi toda en grupos, en alegres conversaciones y cantarinas risas. Media hora después toda la estancia estaba repleta. La mesa contigua fue ocupada por un señor de buena planta. Moreno, de bigote canoso y un aire sofisticado de buena cuna. Cruzamos una mirada y él me sonrió deseándome buen provecho; asentí con un gesto de la cabeza y le di las gracias. Quería seguir con mi comida indiferentemente pero aquel personaje me llamaba la atención. Era enormemente atractivo sin ser guapo. Y su aire refinado le daba un toque de aristocracia. Se le acerco el camarero y les oí discretamente hablar de una fiesta flamenca por la noche, me interesaba el tema y cuando me levante para pagar la cuenta le pregunte al camarero prudentemente por ello. Me propuso presentarme al comensal pero me negué. Solo necesitaba una ocupación de interés para pasar unas pocas horas, apunte la dirección y las recomendaciones del muchacho. Al salir salude al tipo con unas buenas tardes mucho más sugerentes de lo que hubiera querido yo. Alquile un coche y estuve dando vueltas y visitando monumentos toda la tarde.



Cuando volví al hotel, al atardecer, el aire era cálido y el cielo anaranjado invitada a destapar un lienzo y plasmar aquélla sensación de bienestar y tibieza. Me duche y desnuda me tumbe en la cama; al poco rato estaba dormida. Me despertaron los rumores de la gente en el jardín; era noche cerrada. Mire el reloj, las 10, buena hora para una cena perfecta, me di prisa en arreglarme y vestirme y pedí un taxi inmediatamente...

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Quiero cada noche vivir nuestras vidas, y cada mañana despertar a nuestros sueños ...