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@Un cuento para mi princesa
Erase
una vez, en un país lejano y triste llamado
Irlanda,
una princesita muy guapa que se llamaba Mia. En ese país que se, el
cielo siempre estaba gris, feo y llorón, las nubes escondían casi
todos los días los alegres rayos de sol. Solo de vez en cuando
cuando las nubes se dormían o estaban perezosas para avanzar, entre
ellas aparecían unos rayitos que venían a beberse el agua de la
lluvia.
Un
día, la princesita Mia, su mamá Myriam, su papá Andrew, y el
pequeñito Dylan fueron de viaje, de vacaciones a España a visitar a
su abuelita y su yaya, que vivían en un sitio donde hacía mucho sol
y mucho calor. Donde habían palmeras verdes y un mar muy grande y
muy azul.
Cuándo
fue la hora de volver la princesita Mía no quería irse, porque a
ella le gustaba mucho el sol y el mar, entonces le dijo a su
mamá:
-
Mummy podría llevarme un poquito de sol para nuestro jardín?
Su
mamá le sonrió y le preguntó:
-
Y como te lo vas a llevar cariño?
-
lo meteré en un bote y luego en la maleta...
Asi
que asi lo hicieron, salieron al parque con un bote grande dejaron
que el sol entrará en él y enseguida lo taparon, metieron el
bote en la maleta y volvieron a su país.
Cuando
llegaron a su casa la princesita Mia y su hermano Dylan corrieron al
jardín con el bote lleno de sol para destaparlo y dejar que saliera.
Las
nubes estaban atentas mirando que pasaba y se apretujaban unas contra
otras, y cuchicheaban,
-
Tu que crees que traen en ese bote, decía una nubecita gris clarito.
-
Ay pues no sé, parece que hay una cosa dentro que brilla mucho, respondió su hermana gordita.
-
Lo han traído de España, ¿que será? preguntó una tercera que empujaba para ver mejor.
Mia
y Dylan estaban sentados en el centro del jardín con el bote
enmedio, Dylan que era más fuerte lo abrió y enseguida salieron
rayos de sol desperezándose y bostezando, eran muy brillantes y
dorados y daban calor.
-
Hoo, dijeron las nubes todas a la vez, como brillan y que bonitos son.
La
princesita Mia y su hermanito Dylan, guardaron el bote muchos muchos
años, y siempre que salían al jardín a jugar, fuera invierno
o verano, destapaban el bote y tenían luz y calor,
y
un poquito de sol de España.
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