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29 nov 2009

El regreso...©Aïcha 2015

El regreso

El viaje se estaba haciendo pesado. Después de muchos años de ausencia, Luís y yo volvíamos a nuestros orígenes, regresábamos al pueblo. Llevábamos varias horas conduciendo sin descansar y decidimos parar, tomar algo y relevarnos al volante.
Después de la comida dimos un paseo por los alrededores del restaurante de carretera, aunque era octubre el día era soleado y agradable.
-¿Tu crees que las cosas seguirán igual? ¿Qué la gente nos recibirá bien?
- No lo sé, pero las cosas cambian y la gente también. Ha pasado mucho tiempo, cada uno tiene su vida establecida, a lo mejor ni se acuerdan de nosotros; contesté pensativa, intentando traer a mi memoria cuantos eran y como eran.
- Mujer acordarse sí, interés por vernos quizás no.
Reemprendimos el viaje en silencio, ésta vez conducía yo, puse música suave y al rato Luís dormía con la cabeza pegada al cristal.
Al cabo de dos horas tuve que llamarle:
-Estamos llegando Luís.
Se desperezó .
-Anda me he quedado dormido.
- Ya, una cabezadita de dos horitas nada más.
Cuando llegamos a la entrada del municipio no distinguimos ningún cambio drástico, algunos edificios viejos habían sido sustituidos por construcciones más modernas de mayor altura, habían renovado las farolas y los árboles se veían mas altos y frondosos de cómo los recordaba.
La familia estaba ya en la es esquina esperando con caras de ansiedad y alegría alternativas.
Después de descargar las maletas, ducharnos y cenar pasamos a la terracita y fumarnos un pitillo y seguir con la conversación; bueno mas que conversación era un intercambio de preguntas y respuestas.
Lola, la hermana pequeña de Luís, estaba exaltada atropellaba las palabras contando las ultimas noticias del vecindario.
Cuando Luis preguntó por los amigos los enumero a todos y nos dio escuetas explicaciones sobre su vida actual y su estancia :
- ¿Te acuerdas de tu amigo aquel Rosendo? ¿el que tenía la ferretería en la calle Daoiz, pues se divorció y ahora está con una niña de veinte años. Con unas pintas!!! Viste siempre de negro con unos maquillajes y unos pelos!!!
-En plan gótico , pregunte yo.
-Sí, sí eso en plan película de terror, te lo juro.
-El que peor lo lleva es Jefrey.
-¿Jefrey? Aquel chico enclenque y debilucho?¿ Que le pasa?
-Tiene cáncer de pulmón, está muy mal, últimamente ha pasado varios meses seguidos en el hospital conectado siempre al oxigeno, y menos mal que la familia tiene dinero y cuidados no le han faltado, tiene una enfermera permanente.
Luís se quedo abstraído.
- Es una pena es buena gente ese chaval, buen amigo de sus amigos generoso y amable; pero siempre fue de salud corta, cuando íbamos a jugar al fútbol él siempre de quedaba sentado, decía que hacia de publico o de reportero , la verdad es que el asma no le dejaba otra opción.
-Pues lleva tiempo pintando y es un artista de nombre reconocido. Ha hecho muchas explosiones en diferentes países del mundo, vende todo lo que pinta y encargos, tiene un representante que viene a recoger sus obras y se ocupa de todo.
- Joder que cruel es la vida nadie tiene lo que necesita, lo que te dan por un lado por otro te lo quitan.
Luís se levantó despacio y cabizbajo se volvió hacía mí.
- Mañana llamo a la gente y quedo para tomar unas cervezas ¿vale? Ahora me voy a dormir
Lola también se metió en la casa y me quede sola en la terraza. La brisa marina traía ese olorcito a salitre que no recordaba y quise disfrutar del momento, pero mi pensamiento se había quedado con Jefrey.
Le recordaba con la dulzura que inspira un niño, y los recuerdos lejanos de la adolescencia. Era educado, por algo se crió en colegios de pago, delicado, atento, y amable con todos pero especialmente conmigo, invariablemente reconoció que tenía debilidad por mí. Pero argumentaba que no podía ofrecerme nada, nada de lo que yo necesitaba y merecía, el amor a la vida y la ilusión por vivirla. Me llamaba aventurera, y me acusaba de gustar estar rodeada de gente activa y entusiasta y que él era demasiado débil para mí.
Me enfadaba con él por decir aquellas cosas pero era la realidad, yo le consideraba como alguien muy especial, aprendía mucho de él, de sus conocimientos de su actitud de su forma de ver la vida, tan sereno y equilibrado a esa edad tan loca para los demás. Teníamos largas conversaciones sentados en algún banco del parque o de la plaza nueva, mientras los demás andaban de parranda emborrachándose o jugando al billar.
Me sonreía con sonrisa melancólica me cojiá las manos y siempre decía:
- Hay persona que estamos destinados a sacrificios y a amar en la distancia…
Cuando Luís y yo nos casamos y nos mudamos, me acordaba y le escribía a menudo, con el tiempo me fui olvidando y dejamos pasar el tiempo, pero siempre eche en falta aquel amigo que escuchaba con paciencia y bondad todas mis quejas y mis preocupaciones.
Por la mañana Luís se ocupó de llamar a los compañeros y quedar en la playa para tomar cerveza en algún chiringuito, mientras Lola y yo anduvimos de compras por el mercadillo. Al regreso me metió prisas, había quedado en el paseo marítimo para comer; también estaría Jefrey.
Cuando le vi aparecer yo estaba sentada en el muro que separa la playa del paseo, con la cara levantada y la falda arremangada a medio muslo.
- Si tuviera tiempo mujer, que hermosa estampa para plasmarla en un lienzo.
Al volverme me estremecí, encontré a una personilla consumida, macilenta, sentada en una silla de ruedas eléctrica, y escoltada por una bombona de oxigeno en la trasera y un maletín al otro lado, venía acompañada de Raúl, su primo.
-No te recordaba tan hermosa Laura, tan bella…con permiso de tu marido me atrevo …
Miro de soslayo a Luís pero su mirada estaba clavada en mí, me levanté y me dirigí a él con los brazos extendidos pero Raúl se adelantó a abrazarme y saludarme, después me agache poniendo mi cara a la altura de la suya le cogí las manos y se las besé.
-¿ Como estás mi Rey?
- Tu misma puedes verlo mi Reina. Regalándome la vida el tiempo suficiente para haber disfrutado de este instante, estaba escrito, no podía morirme sin volver a ver tu sonrisa y tus ojos amada mía.
- Jefrey, ¿ya estamos, así empezamos? Ni lo uno ni lo otro, soy una Señora casada y tu un caballero, no te consiento que digas esas cosas.
Las carcajadas que soltó casi me sorprendieron. Un asomo de color sonrosado perfumó sus mejillas. Luís, discreto había esperado el momento de acercarse respetando nuestro saludo. Le cogió del cuello y le dio un abrazo, sin mediar palabras, yo sentía que estaba tan afligido que no sabía que decir, logro balbucear:
-¿Como estás Capitán?
- Aquí estamos compañero, preparado para las próximas olimpiadas.
La conversación se centro en el grupo, tomamos unas cervezas y se repetían las mismas preguntas y respuesta a la llegada de cada nuevo amigo.
En la comida no se de que forma ni como terminé sentada entre Luís y jefrey, pero estuve más atenta a mi querido amigo de la infancia, reprimiendo constantemente mi instinto maternal.
A fuerza de insistirle me contó sus avatares en el mundo del arte; en cuanto me distraía le sorprendía mirándome intensamente.
-Me estas poniendo nerviosa, ¿porque me miras así?
- Estoy tomando apuntes, me sonrío.
Pasamos un par de días yendo y viniendo con todos, en todas las reuniones tarde o temprano aparecía Jefrey; volvimos a tener largas charlas, volvimos a nuestros recuerdos y yo le veía feliz. Hasta que a media semana Raúl llegó solo, al parecer Jefrey había sufrido una recaída y lo habían ingresado de nuevo.
Un día antes del regreso a casa fuimos a verle al hospital, nos costó trabajo conseguir que nos dejaran entrar a verle pues no permitían las visitas.
Era impresionante verle, tan pequeño envuelto en esas sabanas blancas rodeado de aparatos electrónicos, tan poquita cosa, tan pálido. Me cogió las manos con esfuerzo y a Luis le saludo con un gesto de la cabeza; susurro unas palabras que apenas entendimos.
-Cuida bien a mi Reina….
El sonido se quedaba prisionero en su garganta, asediado de silbidos y ronqueras. La enfermera vigilante como un farero nos rogó que le dejásemos. Jefrey apretó mi mano y se la llevo levemente a los labios sellándola con un beso débil y cálido.
El viaje de vuelta estuvo lleno de comentarios sobre las vacaciones, los amigos , la familia, pero en todo momento evitamos hablar de nuestro amigo, nunca más volvimos a nombrarle, era como evitarnos un dolor que sabíamos seguro.
Terminando la primavera del año siguiente un mensajero llamó a la puerta, tría un gran paquete sellado en Madrid. El corazón se me acalambró cuando leí el remite y la carta que lo acompañaba, ambos la carta y el cuadro eran de Jefrey. Espere hasta la noche que Luís volviera del trabajo para abrir el paquete, era un lienzo representando a una bella mujer sentada en la tapia frente al mar, con la falda arremangada la cabeza alta mirando al sol.
Jefrey quiso que se me entregara el cuadro a su muerte, desde entonces no pasa un día que no levante la vista hacia esa mujer del cuadro y me sonría con toda ternura que sea capaz de sentir, como si todavía la candidez de ese hombre rozará mis manos.
Todavía en las largas noches que me siento tristes releo sus palabras:
-Querida Reina Mía,
aquí tienes el último aliento, la última pincelada que he tenido fuerzas para dar, solo para ti.
Me llevo tu sonrisa y tu ojos. Sé que guardaras este cuadro, y me tendrás presente de vez en cuando, solo así puedo explicarme el sentido que tuvo mi vida, nuestra amistad.
Mientras tu sigas mirándote como yo te recordaba, y me recuerdes viviré un poco más.
Hay personas que estamos destinadas a amar desde lejos y para siempre.
Eternamente tuyo. Jefrey

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