Supongo que la realidad muchas veces nada tiene que ver con la imaginación la ficción lo que fue o pudo ser...la historia empieza así:
Era domingo, un sol cálido demasiado árido par ser principios de noviembre, habíamos decidido subir al castillo, aprovechar las primeras luces de la mañana y el cielo despejado.
El autobús de nos subía a la cumbre de la colina se estaba retrasando, yo estaba apoyada en el poste disfrutando del calorcito de sol otoñal, mi compañero resguardado a la sombra unos pasos más allá. De repente y surgiendo de la esquina más próxima , y farfullando unas palabras ininteligibles, un negro, ¿para qué vamos a llamarlo de otra forma? Si es así como los llamamos todos, tenia un aspecto deplorable, el jerseys jalonado por un hombro, un siete enorme en el vaquero que dejaba ver su escuálido muslo, se lanzo un zapateado que levantó el polvo que arrastraba en los calcetines que enfundaba dentro de sus sandalias de cuero.
Venía gesticulando y vociferando, con la mirada fija en mí, se bajo de la acera y camino por la calzada con el peligro que suponía en una vía tan transitada como aquella.
A unos tres pasos míos, se detuvo y a voz en gritos exclamó:
-Españoles-Mierda ,Españoles mierda…
Acompañando su s palabras con sendos y exagerados cortes de mangas.
Siempre pensé como reaccionaria en una situación así, y la verdad que no sé si racionalmente o intuitivamente. Lo que hice fue clavar mi mirada en la suya y no mover un ápice de cuerpo. Sentí que debía reaccionar como con los perros cuando te ladran, no demostrando que tuvieras miedo, pues eso les hace valientes, me gire ligeramente según él se iba alejando al sorprenderle mi falta de reacción. Lo que no pensaba era darle la espalda.
Bueno pues el incidente fue el tema de conversación durante un rato, ¿ que podría haberle ocurrido al hombre para estar en ese estado, por su aspecto y su agresividad suponíamos que le hubieran dado una paliza, pero no lo sabíamos.
A mí lo que me deja en mente estas historias es que, esta pobre gente que viene desahuciada, huyendo de miserias y guerras, con los cuentos de vida maravillosa que les cuentan en sus países engañándoles para sacarles lo que no tienen, que llegan aquí pensando que van a encontrárselo todo hecho, que será más fácil de lo que creen, esa pobre gente se encuentra en su gran mayoría con una situación peor de la que conocen.
Vuelcan su ira y su frustración quizás donde no deben, se reducen a ser carne de cañón para cualquiera, a mi me dan pena y rabia a la vez.
¿Qué culpa tenemos los demás?.Los que no tenemos nada que ver con empresarios que les tratan como esclavos, que tenemos que ver la gente la mayoría con esos desalmados que los apalean y les roban?

No hay comentarios:
Publicar un comentario