Me conformo con tan poca
cosa,
un pañuelo en mi corazón.
No puedo tener tanta suerte
ya no hay remedio, ni
vuelva atrás...
una suerte entre un
millón...
Mi alma perdida por fin
encontrada.
Algo que me revolotea
y tu fragancia de nuevo me
llena.
Me enamore de ese hombre
en un día de levante.
En su alma me tiene
enganchada
como un rezón o como un
ancla;
engañando a mi ser
convencional,
me manipula y yo me dejo
llevar...
Acordándome toda la noche
me tiene,
pero muy lejos; lejos pero
de nadie.
Y yo estoy –de la amargura
a la esperanza...
A la realidad tan brillante
como soles.
Su imagen de ese día de
levante,
ni en el mejor de mis sueños
tuve potestad para soñar
con ello.
No pudo ser este amor más
grande.
Tan cerca, tanta energía me
ha dado la rebeldía,
la anarquía que siempre he anhelado
para que comprendiera que todavía soy una
niña.
Y en mi esencia me ha regalado
el trozo de alma que me
faltaba.
Te quiero como eres
ahora...
entre sabanas de blanca
seda,
que siempre estés presente,
que cada día sea un aprender constante...
que me enseñes y me
sorprendas,
siempre morir de verdad;
que cada día te abrace más
fuerte,
que nuestros corazones se
mezclen.
Solo quiero,
y tu lo sabes...
estar abrazada a ti
eternamente.
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